Bojayá, 10 años de incertidumbre, sin justicia y reparación

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LA SANGRE DEL INOCENTE Y LOS GRITOS DEL OPRIMIDO POR LA GUERRA, NO HAN LOGRADO CONMOVER EL CORAZÓN DE LOS NEGOCIADORES DE PAZ

La sangre inocente, derramada de muchos  colombianos en varias décadas no ha sido suficiente, para concretar un proceso de paz serio y sin engaños; el sufrimiento de miles de desplazados a causa del conflicto armado, no despierta sentimientos de solidaridad para la solución de dicho problema. Por parte del Gobierno Nacional y el grupo insurgente no existe un compromiso sensato y honorable. ¿Será que conviene mantener la guerra en Colombia? ¿Hay fuerzas oscuras, que no permiten avances en todo proceso de paz que se realiza? Lo cierto es que mientras se responden estas preguntas,  los supuestos negociadores de la “paz” descansan y suben  de peso, mientras que en  nuestro país se siguen regando los campos con sangre; sangre que clama justicia y una pronta liberación.

La historia considerada políticamente, es siempre la lucha por el poder y por el dominio, sobre otras personas y sobre la naturaleza. Aquel  que posee el poder  se halla interesado en el curso ulterior de la historia, encaminada hacia la meta determinada por él. Esa persona entiende el futuro como prolongación  de su propio presente, y por eso hace votos por el crecimiento de la economía y el progreso de la ciencia, buscando el incremento de su propio poder.

Pero el que está dominado y se halla impotente, no siente interés por una continuidad a largo plazo de esta historia, sino por su  pronto final: es preferible un final con horrores que unos horrores sin final. Tiene esperanza en un futuro alternativo, en la liberación de la miseria actual y en la redención que le saque de la impotencia.[1]

 Es bueno tener en cuenta lo siguiente: La paz es fruto de una vida según el Espíritu, lo que  significa que está íntimamente unida con la Gracia. “Gracia significa luz, vida, abertura de la vida espiritual y personal del hombre hacia los dominios  infinitos de Dios. La gracia significa libertad, fuerza, arras de la vida eterna,  el actuar del espíritu personal de Dios en lo profundo del hombre, la filiación  adoptiva y la herencia de la eternidad”[2]

El pecado introduce el desorden y la “guerra”. La Redención restaura la  condición humana y nos devuelve al proyecto original del Padre. “La paz en la tierra, es suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta  fielmente el orden establecido por Dios”.[3] Sus hijos e hijas no pueden menos  que construirla en su interior y a su alrededor, es una señal de la verdadera  actuación de los hijos e hijas de Dios: “Dichosos los que realizan la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

Pero desafortunadamente existen personas que están en contra de la paz y que quieren ahogar toda esperanza que brinde la posibilidad de esta. Lo peor de todo, son las acciones que realizan y los hechos lamentables que desencadenan, es inevitable olvidarlos, algunos de estos recuerdos son:

Atrocidades por las que las FARC no pueden negar ser victimarios

Bojayá (Chocó, 2002)

El acto que el país no olvida fue la masacre en Bojayá (Chocó) que dejó 119 víctimas, todas civiles, como consecuencia de un combate entre guerrilleros de las FARC y grupos paramilitares de las AUC. La tragedia fue el 2 de mayo de 2002, cuando cientos de familias campesinas se refugiaron en la iglesia del pueblo ubicado sobre el río Atrato para esconderse del enfrentamiento.

Otro acto cruel, fue el atentado terrorista al Club El Nogal dejó ver que la Capital no escaparía del horror provocado por las FARC. El ataque fue el 7 de febrero de 2003 a las 8:35 de la noche. Un vehículo cargado con más de 200 kilogramos de explosivos detonó destruyendo la edificación en la que había, en ese momento, unas seiscientas personas; 36 civiles murieron y más de doscientas resultaron heridas.

También, la FARC ha sido responsabilizada de sembrar minas antipersonales en todos los departamentos del país. Entre 1990 y junio de 2013 han muerto 10.445 personas por caer en campos minados. Así podemos seguir mencionando miles de hechos atroces, que esta organización ha cometido contra los ciudadanos colombianos.

Los principales voceros de las FARC se empeñan en negar que su accionar ha dejado miles de víctimas en Colombia. Inclusive dicen que en vez de ser victimarios, la organización debería ser considerada como ‘víctima’. Estas declaraciones, que desconocen el dolor que el grupo ha causado en el país, ha sido uno de los principales motivos de crítica contra el proceso de paz que adelanta el Gobierno con ellos en Cuba.

Las más recientes declaraciones de ‘Iván Márquez’, el jefe negociador de las FARC en La Habana, no son señal alentadora sobre una posible voluntad guerrillera de pedir perdón a sus víctimas, como gesto de paz si se logra un acuerdo. “Las víctimas son víctimas del conflicto”, dijo Márquez a RCN Radio, tratando de lavarle las manos al grupo por sus responsabilidades.

Pero a pesar de la mentira y la injusticia que han girado en torno a los procesos de paz, lo cierto es: El que se halla en posesión del poder teme el final de ese poder; el que sufren ese poder, espera que este finalice. Los que en el disfrute del “mundo moderno” viven en la parte alta de ese mundo, tienen miedo que se derrumbe.

Por lo expresado en el párrafo anterior, se puede entender la esperanza escatológica como aquella luz que mantiene vivo el sentir de un tiempo con final, donde por fin reinará la justicia y llegará la verdadera liberación, cabe entender esto para el justo. Al contrario de aquél opresor dedicado a cometer barbaries, que a cada momento siente el temor de ser destruido y castigado por sus acciones.

ESTE PUEBLO COLOMBIANO, SUFRIENTE POR LAS INCLEMENCIAS DE LA GUERRA, TIENE VIVA LA ESPERANZA EN LA JUSTICIA DIVINA QUE LLEGARÁ PARA MANIFESTAR EL PODER DE DIOS “LAS FUERZAS OSCURAS Y LOS BANDIDOS NO SE SALDRÁN CON LA SUYA”.

 

 Realizado por:

Mario Alonso Ceballos Cartagena

Samuel Alexander Torres Contreras

 

[1] Molmann, Jürgen. La venida de Dios. Salamanca: ediciones sígueme; 2004. P. 83

[2]  K. RAHNER. María, la Madre del Señor, Barcelona 1967, 60.

[3] JUAN XXIII, Pacem in terris, N° 1.

LA SANGRE DEL INOCENTE Y LOS GRITOS DEL OPRIMIDO POR LA GUERRA, NO HAN LOGRADO CONMOVER EL CORAZÓN DE LOS NEGOCIADORES DE PAZ

La sangre inocente, derramada de muchos  colombianos en varias décadas no ha sido suficiente, para concretar un proceso de paz serio y sin engaños; el sufrimiento de miles de desplazados a causa del conflicto armado, no despierta sentimientos de solidaridad para la solución de dicho problema. Por parte del Gobierno Nacional y el grupo insurgente no existe un compromiso sensato y honorable. ¿Será que conviene mantener la guerra en Colombia? ¿Hay fuerzas oscuras, que no permiten avances en todo proceso de paz que se realiza? Lo cierto es que mientras se responden estas preguntas,  los supuestos negociadores de la “paz” descansan y suben  de peso, mientras que en  nuestro país se siguen regando los campos con sangre; sangre que clama justicia y una pronta liberación.

La historia considerada políticamente, es siempre la lucha por el poder y por el dominio, sobre otras personas y sobre la naturaleza. Aquel  que posee el poder  se halla interesado en el curso ulterior de la historia, encaminada hacia la meta determinada por él. Esa persona entiende el futuro como prolongación  de su propio presente, y por eso hace votos por el crecimiento de la economía y el progreso de la ciencia, buscando el incremento de su propio poder.

Pero el que está dominado y se halla impotente, no siente interés por una continuidad a largo plazo de esta historia, sino por su  pronto final: es preferible un final con horrores que unos horrores sin final. Tiene esperanza en un futuro alternativo, en la liberación de la miseria actual y en la redención que le saque de la impotencia.[1]

 Es bueno tener en cuenta lo siguiente: La paz es fruto de una vida según el Espíritu, lo que  significa que está íntimamente unida con la Gracia. “Gracia significa luz, vida, abertura de la vida espiritual y personal del hombre hacia los dominios  infinitos de Dios. La gracia significa libertad, fuerza, arras de la vida eterna,  el actuar del espíritu personal de Dios en lo profundo del hombre, la filiación  adoptiva y la herencia de la eternidad”[2]

El pecado introduce el desorden y la “guerra”. La Redención restaura la  condición humana y nos devuelve al proyecto original del Padre. “La paz en la tierra, es suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta  fielmente el orden establecido por Dios”.[3] Sus hijos e hijas no pueden menos  que construirla en su interior y a su alrededor, es una señal de la verdadera  actuación de los hijos e hijas de Dios: “Dichosos los que realizan la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

Pero desafortunadamente existen personas que están en contra de la paz y que quieren ahogar toda esperanza que brinde la posibilidad de esta. Lo peor de todo, son las acciones que realizan y los hechos lamentables que desencadenan, es inevitable olvidarlos, algunos de estos recuerdos son:

Atrocidades por las que las FARC no pueden negar ser victimarios

Bojayá (Chocó, 2002)

 

El acto que el país no olvida fue la masacre en Bojayá (Chocó) que dejó 119 víctimas, todas civiles, como consecuencia de un combate entre guerrilleros de las FARC y grupos paramilitares de las AUC. La tragedia fue el 2 de mayo de 2002, cuando cientos de familias campesinas se refugiaron en la iglesia del pueblo ubicado sobre el río Atrato para esconderse del enfrentamiento.

Otro acto cruel, fue el atentado terrorista al Club El Nogal dejó ver que la Capital no escaparía del horror provocado por las FARC. El ataque fue el 7 de febrero de 2003 a las 8:35 de la noche. Un vehículo cargado con más de 200 kilogramos de explosivos detonó destruyendo la edificación en la que había, en ese momento, unas seiscientas personas; 36 civiles murieron y más de doscientas resultaron heridas.

También, la FARC ha sido responsabilizada de sembrar minas antipersonales en todos los departamentos del país. Entre 1990 y junio de 2013 han muerto 10.445 personas por caer en campos minados. Así podemos seguir mencionando miles de hechos atroces, que esta organización ha cometido contra los ciudadanos colombianos.

Los principales voceros de las FARC se empeñan en negar que su accionar ha dejado miles de víctimas en Colombia. Inclusive dicen que en vez de ser victimarios, la organización debería ser considerada como ‘víctima’. Estas declaraciones, que desconocen el dolor que el grupo ha causado en el país, ha sido uno de los principales motivos de crítica contra el proceso de paz que adelanta el Gobierno con ellos en Cuba.

Las más recientes declaraciones de ‘Iván Márquez’, el jefe negociador de las FARC en La Habana, no son señal alentadora sobre una posible voluntad guerrillera de pedir perdón a sus víctimas, como gesto de paz si se logra un acuerdo. “Las víctimas son víctimas del conflicto”, dijo Márquez a RCN Radio, tratando de lavarle las manos al grupo por sus responsabilidades.

Pero a pesar de la mentira y la injusticia que han girado en torno a los procesos de paz, lo cierto es: El que se halla en posesión del poder teme el final de ese poder; el que sufren ese poder, espera que este finalice. Los que en el disfrute del “mundo moderno” viven en la parte alta de ese mundo, tienen miedo que se derrumbe.

Por lo expresado en el párrafo anterior, se puede entender la esperanza escatológica como aquella luz que mantiene vivo el sentir de un tiempo con final, donde por fin reinará la justicia y llegará la verdadera liberación, cabe entender esto para el justo. Al contrario de aquél opresor dedicado a cometer barbaries, que a cada momento siente el temor de ser destruido y castigado por sus acciones.

ESTE PUEBLO COLOMBIANO, SUFRIENTE POR LAS INCLEMENCIAS DE LA GUERRA, TIENE VIVA LA ESPERANZA EN LA JUSTICIA DIVINA QUE LLEGARÁ PARA MANIFESTAR EL PODER DE DIOS “LAS FUERZAS OSCURAS Y LOS BANDIDOS NO SE SALDRÁN CON LA SUYA”.

 

 Realizado por:

Mario Alonso Ceballos Cartagena

Samuel Alexander Torres Contreras

[1] Molmann, Jürgen. La venida de Dios. Salamanca: ediciones sígueme; 2004. P. 83

[2]  K. RAHNER. María, la Madre del Señor, Barcelona 1967, 60.

[3] JUAN XXIII, Pacem in terris, N° 1.